Mientras las calles del país estallaban de jolgorio por el Mundial 78, las Madres de Plaza de Mayo lloraban en la intimidad de sus hogares.
El Mundial 78 puso a la Argentina en el foco de la prensa internacional, algo que los militares intentaron usar para mitigar las denuncias en su contra.
El contraste entre Abuelas de Plaza de Mayo, que buscaban a los desaparecidos por la dictadura militar, y los argentinos que celebraban el Mundial 78.
Un grupo de militantes discapacitados generó recursos para sobrevivir durante el Mundial 78 con la venta callejera de banderas argentinas.
Exiliado en Panamá, Luis Bruschtein envió cartas a domicilios particulares de la Argentina para denunciar los crímenes cometidos por la dictadura.
El periodista holandés Frits Barend se hizo pasar por un jugador naranja para entrevistar a Jorge Rafael Videla tras la victoria argentina en el Mundial 78.
Jorge Rafael Videla fue el encargado de inaugurar el Mundial de Fútbol de 1978. Su discurso fue breve y con marcado tono militar.
La Primera Junta Militar inauguró el Mundial 78 en el Monumental de River Plate, con una ceremonia a ritmo militar en la que habló de “construir la paz”.
Los estadios del Mundial 78 fueron seis en cuatro provincias. Todos estuvieron rodeados de centros clandestinos de detención.
Videla, Massera y Agosti ocuparon palcos en el Mundial 78. Fueron acompañados por mandos de la Iglesia, funcionarios y autoridades internacionales del fútbol.
La Argentina fue el cuarto país latinoamericano en hacer el máximo torneo de la FIFA. Cuando se confirmó el Mundial 78 nadie sabía que una dictadura lo realizaría.
En Mendoza, la dictadura creó el GE78, un grupo especial para “prevenir y reprimir subversivos” durante el Mundial 78.
Adolfo Pérez Esquivel permaneció detenido 14 meses y sobrevivió a un vuelo de la muerte. Fue liberado dos días antes de la final del Mundial 78.